No hay mayor dolor colectivo en el fútbol que el de un descenso. <strong>En las malas es donde se aprecia el sentimiento de pertenencia del futbolista, frustrado e impotente en una temporada aciaga</strong>, y también lo ejemplar de una afición que ahoga sus lágrimas, visibles o invisibles, entre gritos de aliento. Imposible no empatizar con el llanto de José Luis Morales y esa maravillosa afición granota tras corroborar su descenso matemático en el Bernabéu.

