Menuda fiesta se dio en los últimos metros de la etapa con la gente abarrotando los balcones, tremenda explosión de júbilo, sensacional y figurada la cofradía de Montilla (Córdoba), por eso de los golpes que pegaban todos a las pancartas que protegían la carretera. Gritos de ánimo, de alegría por ser protagonistas de la Vuelta, de verdadera felicidad; pelos de punta por el disfrute de los aficionados, también por la velocidad hipersónica de Mads Pedersen, al fin consagrado en la ronda española al coronarse por primera vez en una etapa, premio que olió pero no saboreó en otras tres jornadas de esta edición al quedarse segundo. Pero, esta vez sí, Pedersen hizo bueno eso del que la sigue la consigue, un esprint que picaba un poco cuesta arriba, sobrado de fuerzas y piernas porque nadie le hizo sombra, al punto de que se permitió el lujo de soltar el manillar para alzar los brazos al cruzar la meta y, de paso, felicitar a todos por el pinganillo. “No me importaban mucho los segundos puestos… Así que, finalmente, estoy feliz por haberlo conseguido. Hemos hecho un gran trabajo de equipo”, resolvió el danés al llegar a meta. Un final tal feliz como vibrante para el Trek-Segrafedo después de un día de poca chicha.

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