Después de un arranque abrasivo, dichoso calor y dichosa humedad la de Nueva York, la climatología se suaviza en Flushing Meadows, aunque realmente aquí no hay tregua. Esto es la primera semana de un grande, así que ya se sabe: nadie regala nada, todo es vértigo. El tiempo hace un pelín más llevadero el desempeño de los tenistas, sí, pero el más mínimo despiste cuesta el patinazo. Lo sufre Paula Badosa, que no consigue escapar de la espiral negativa en la que entró en la primavera y se marcha de Nueva York, su Nueva York porque es neoyorquina de cuna, de vacío y otra vez con mal sabor de boca.

