Las imágenes de Remco Evenepoel, roto y entre lágrimas tras cruzar la meta, no pasaron inadvertidas. El belga no tuvo su mejor día sobre la bicicleta. Ya en plena persecución se le notaba incómodo, con problemas mecánicos que lo obligaron a detenerse en múltiples ocasiones, forzándolo a trabajar a contrarreloj para volver al grupo perseguidor. Todo se complicó aún más por la falta de comunicación: sin pinganillo, perdió valiosos segundos que resultaron determinantes.

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