El sol africano se filtraba entre las colinas de Kigali cuando la prueba femenina del Mundial entró en su tramo decisivo. Un circuito áspero, con cuestas que parecían arañar el cielo y tramos de sterrato que recordaban más a un infierno de polvo que a un campeonato del mundo. En medio de ese escenario, entre ataques y contraataques, emergió la figura de Mavi García, la veterana balear que ha hecho de la perseverancia una bandera. Vallieres, por su parte, fue oro y Niamh Fisher-Blac, plata.

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