Los números y las sensaciones justifican el pesimismo que se vive alrededor del Girona después de un año 2025 tan difícil de asumir para un club en fase de estabilización como de digerir para una ciudad “reconsagrada” —palabra utilizada por uno de sus políticos de cabecera y que no necesariamente significa cruel— y todavía no muy familiarizada con el fútbol de Primera División. No hay lugar, en cualquier caso, en el que se pueda mantener la calma cuando se pasa de la cúspide al fondo en solo doce meses, los que van de septiembre de 2024 a septiembre de 2025.

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