En el majestuoso Teatro del Châtelet de París, Ousmane Dembélé se coronó con el Balón de Oro, consagrándose como el mejor jugador del planeta. El camino hasta este momento no fue sencillo: sorteó críticas, desafíos y obstáculos, hasta encontrar en el PSG de Luis Enrique el escenario perfecto para desplegar su versión más brillante. 

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