Las horas previas al partido sembraron la duda por el diluvio que cayó en Barcelona. Se pensó en una suspensión ante el agua caída y las previsiones, pero al final la tormenta remitió y se pudo jugar sin problemas básicamente por cómo drenó el césped del Johan Cruyff. No sólo eso, sino que dejó la hierba bien mojada, como le gusta al Barça para que pudiera correr bien el balón. Y bien que corrió.

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