Sendos zambombazos desde fuera del área, a cargo de Militao y Mbappé, resolvieron un partido espeso en el que el Espanyol recitó debidamente su bien aprendida lección de equipo ordenado y atento, pero cayó ante esos dos imprevistos. Su bien cerdada defensa ahogó a Gonzalo, que salió de delantero centro, y cerró las bandas, tapó las entradas a Mbappé y hasta vigiló a los dos acreditados chutadores de fuera, Tchouaméni y Valverde. Pero apareció Militao en la primera parte para rasgar aquel tupido velo y le secundó Mbappé nada más empezar la segunda, cuando a falta de hueco para penetrar soltó un taponazo imprevisto.

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