Marta García tenía claro el plan. La palentina quería clasificarse para la final de los 5.000 metros con el mínimo esfuerzo. Sin regalar un metro. Atada a la cuerda. Detrás de la belga Van Es, que marcaba el ritmo del pelotón a unos metros de la japonesa Hironaka, que andaba de aventura suicida al marcharse por delante en solitario. El público, entusiasmado, gritaba de pura emoción cuando su compatriota pasaba por delante. Así fueron cayendo las vueltas hasta que decayó la europea y Faith Kipyegon decidió que había llegado el momento de poner orden.

