En el rugby internacional no hay revoluciones: los asaltos se cocinan a fuego lento. Argentina hizo méritos para convertirse en el cuarto comensal del hemisferio sur y convirtió en 2012 el Tres Naciones (Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia, que suman ocho de los nueve Mundiales disputados) en el Rugby Championship. Mientras Italia sufre para reivindicar su lugar en el Seis Naciones 22 años después de su llegada, los argentinos, terceros en el Mundial de 2007 y cuartos en 2015, siguen subiendo escalones. Una década después, lideran el torneo en su ecuador tras el primer triunfo de su historia en suelo kiwi. Aquella noche, un lema premonitorio apareció escrito en la pizarra de su vestuario: “Recuerden este día muchachos. Va a ser de ustedes toda la vida”.

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