En un ciclismo obsesionado hasta la histeria con el rendimiento, Mathieu van der Poel es una feliz anomalía… en vías de extinción. Su querencia multidisciplinar y su capacidad para rodar sobre todo tipo de bicicleta y siempre de manera excelente le ha conducido hasta un reto que se le empieza a atragantar. El neerlandés quiere sumar el título de campeón del mundo de mountain bike, sencillamente porque ya ganó en su día los de carretera, ciclocross y gravel. Este domingo, todas las miradas se centran en él, escrutan sus posibilidades de volver a vestir el maillot arcoíris, mientras muchos señalan su querencia como una obsesión cuyo desenlace parece incierto.

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