Desde que un grupo de manifestantes en favor de Palestina y en contra del genocidio israelí en la Franja de Gaza cortara el paso del equipo Israel-Premier Tech en la contrarreloj por equipos de Figueres, la Vuelta ha pasado de ser un evento deportivo a un escenario político y social, un estadio de miles de kilómetros donde proliferan los activistas, en ocasiones pacíficos y otras no, al punto de que se han tenido que cercenar dos etapas para evitar disturbios, también recortar la crono individual para garantizar la seguridad de los corredores. Altercados que no se repitieron de Rueda a Guijuelo, jornada tranquila y resuelta al sprint por Philipsen, el más rápido en la ronda con tres laureles. Desde el pelotón, sin embargo, miran con recelo al frente, preocupados por su seguridad.

