Joyline Chepngeno corrió en agosto de 2024 su primera carrera por montaña en la Catedral, los 31 kilómetros del Sierre-Zinal que unen estas dos localidades del Valais suizo desde hace 52 años, uno de los triunfos más codiciados del trail. Ganó a la primera, una explosión a la que los demás, conscientes del contexto, dieron más importancia que ella misma. Era su trabajo, alguien que cobraba por competir en Europa y volver a casa con unos ingresos que aliviaran su economía familiar. Ese triunfo, acompañado por una habilidad inesperada en las bajadas, por navegar sin miedo por unas superficies desconocidas, la convirtieron en favorita por decreto cada vez que se ponía un dorsal. Y el pasado 9 de agosto, de vuelta a tierras suizas, repitió corona. Dos de dos. Pero su historia de cenicienta ha acabado en un laboratorio alemán, el de Colonia, que detectó un corticoide, acetónido de triamcinolona, en su muestra de orina esa victoria. Tras admitir que había recibido ese inyectable, la Athletic IntegrityUnit ha impuesto una sanción de dos años, hasta el 8 de septiembre de 2027, y su marca, Salomon, ha roto su contrato. No es la primera falta de una estrella del trail, sin los medios económicos de otros deportes para llevar a cabo una persecución más exhaustiva.

