Criado con el espejo de Sergio Busquets, Rodri Hernández parecía condenado a heredar su legado, tanto en el campo como en el foco mediático. Y lo hizo, pero en parte. El talento de Rodri en el césped hizo que hasta el todopoderoso Manchester City se convirtiera en un equipo terrenal durante su larga ausencia por la lesión en los ligamentos. Sin embargo, la indiferencia de las glamurosas galas del fútbol moderno no se cebó con Rodri, como sí lo hicieron con Busquets. También es diferente su rol en el grupo de la selección: mientras que Busi pasaba por un tipo discreto, hasta silencioso, Rodri tiene la autoridad para controlar toda la atmósfera, sin miedo siquiera a mandarle un mensaje de prudencia al genio emergente Lamine Yamal, enfocado en robarle a Ronaldo el récord del futbolista más joven en levantar el Balón de Oro (21 años y tres meses). “El Balón de Oro es difícil. El PSG ha sido el equipo de la temporada, y sería difícil no dárselo a alguien de ese equipo. Me alegro por Luis Enrique. Me gustaría que se lo llevaran Lamine o Pedri, pero, por méritos deportivos, Dembélé o Vitinha”, subrayó Rodri.

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