La celebración de un título mundial en las nuevas generaciones, las de las (casi) veinteañeras, se canta a ritmo de Gambino: “Intuyo que estás buena, no le pongo problema, trae un extintor, que el Gambino se quema. Voy poquito a poco…”, y las palmas de las manos golpeando la parte de arriba del autocar, para que nunca baje el ritmo. Salma Paralluelo y Ana Tajada son dos de las que en el autocar de vuelta al hotel de la selección española en Costa Rica, lideran la fiesta tras la victoria contra Japón (3-1) que dio a España el título del Mundial sub-20. Son, también, las únicas dos futbolistas que en 2018, allá por el mes de diciembre, se proclamaron campeonas del mundo sub-17, con la selección que dirigía Toña Is. La generación de oro que se coronó en aquel mundial y cuyo triunfo apuntaba aún más alto: era la señal de que la cantera española del fútbol femenino hacía las cosas muy bien, triunfaba en los Europeos y se abría camino en las citas mundiales.

