La victoria ante Bosnia y Herzegovina era crucial para las aspiraciones de la selección en el Eurobasket, pero también para quitarse la mochila con la que le cargó Georgia en el estreno. Había presión, pero también una herida en el orgullo. «Era importante jugar con rabia porque no estábamos nada contentos. Tenemos una camiseta que defender y no es que hayamos jugado desde el enfado, pero sí desde el orgullo. Las ganas y los huevos están ahí», resumía Darío Brizuela.

