El cambio de guardia en el Ultra Trail del Mont Blanc, la prueba más épica de la ultradistancia, con sus 170 kilómetros y 10.000 metros de desnivel positivo alrededor del techo de los Alpes por Francia, Italia y Suiza, se produce a las nueve de la mañana del sábado en un tramo anodino de asfalto cuando se cumplen dos tercios de carrera. La neozelandesa Ruth Croft sigue fiel la estrategia de su segundo puesto en 2024, la de una carrera de menos a más, y ve de lejos a la estadounidense invicta con tres títulos en Chamonix, siempre acompañada de cámaras y aficionados. Cuando llega a su altura, el adelantamiento es contundente: no hay tertulias. La leyenda está en su cueva del dolor y la kiwi está escribiendo la suya. La de François D’Haene, ganador las cuatro veces que había participado, una cifra que solo iguala Kilian Jornet, se había apagado el viernes por molestias en su pierna derecha para dejar sitio al soldado británico Tom Evans, que venció a sus fantasmas de la noche.

