El fin de semana inaugural del Mundial de rugby femenino que se disputa desde el viernes 22 en Inglaterra ha puesto en evidencia un abismo en las velocidades de desarrollo de las 16 selecciones participantes. Ocho partidos diputados para una media de 47 puntos de diferencia. Partidos resueltos en la primera parte o en el inicio de la segunda, como ocurrió en el Francia -Italia (24-0), el resultado más apretado. Una falta de suspense que no ayuda al objetivo prioritario de la cita: vender el deporte a nivel global. Los organizadores ven por el momento la botella medio llena y ponen en valor el espectáculo de los equipos más prolíficos como una forma de asegurar audiencia, tanto en los estadios como en la televisión. Las dos jornadas restantes de la fase de grupos –y, sobre todo, los cruces, a partir de cuartos– pondrán a prueba si ver muchos ensayos es incentivo suficiente para quedarse hasta el minuto 80.

