Sirvan de muestra los llantos, las evasivas o los silencios, bien fuera después de perder una bala en forma de final o de tener que retirarse de algún gran torneo porque su chasis, ya muy erosionado, la impedía continuar. Serena Williams, heroína de carne y hueso, tradicionalmente contrapuso la imagen pétrea de una guerrillera voraz, capaz de mantener el temple y la cabeza fría en las circunstancias más adversas, o también de desmoronarse emocionalmente cuando menos se sospechaba.

