Durante todo el verano los diagnósticos señalaban con tanta unanimidad como insistencia que para volver a ser competitivo el Real Madrid debía mejorar mucho en el trabajo sin balón y fue eso precisamente lo más destacado en el debut liguero del equipo de Xabi Alonso. Debut bastante discreto. Con poca frescura y menos brillantez, los blancos se activaban mucho más sin el balón que con él, demostrando más determinación para recuperar la pelota que para jugarla con criterio. Cierto es que el Osasuna de Lisci, bien plantado atrás con su línea de cinco defensas, no invitaba a ningún lucimiento cerrando los espacios, pero desde el primer minuto el Madrid dejó clara su vocación de ser protagonista y dominar los partidos mediante el control de la pelota. Lo había prometido Xabi y sus jugadores así lo hicieron pese a la falta de movilidad y de velocidad, con todos jugando lento el balón al pie.

