A todos los factores que abundan en la singularidad casi marciana del Barça hay que añadir ahora uno más: es el primer club en la historia del deporte donde las lesiones no son un problema, sino una oportunidad, una herramienta, un comodín. Tantos años redefiniendo el fútbol, construyendo una narrativa de absoluta singularidad, han desembocado en este momento un tanto delirante donde un parte médico ya no solo informa sobre el estado físico de un futbolista, sino sobre el estado de las cuentas del club. Así las cosas, cada músculo que se resiente, o cada hueso que se rompe, lo convierte este Barça de entreguerras en una ventana abierta de par en par por la que colar —inscribir— a sus nuevas adquisiciones.

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