Ricky Rubio ya había siseado con la boca pequeña a la dirección deportiva del Joventut que su regreso estaba casi hecho. Pero desde el club se tomaba con tanta cautela como emoción, y no fue hasta hace unas semanas cuando estallaron los vítores. Fue en una comida que organizó el director deportivo de la Penya, Jordi Martí, con el jugador y el técnico Dani Miret, además de varios de los empleados que más tiempo llevan en la entidad. Allí, de repente, Ricky se puso de pie y, como si de una boda se tratara, dijo: “Jordi, delante de todos, te doy el sí”. Apretón de manos, abrazos, risas y algo más. “Vengo con una ilusión que nunca había tenido”, señaló Ricky ayer en el acto de presentación en sociedad como verdinegro. Porque vuelve a casa, pero no solo como jugador sino como parte del proyecto del club, mentor de jóvenes y luz de la cantera.

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