Sentado sobre la banqueta, Rafael Nadal clava la mirada en la tierra, apoyado sobre las rodillas y resignado ante ese viejo mal que vuelve a castigarle y no le abandona. De nuevo el pie, el maldito pie. Ese viejo demonio. Volvió el dolor y de la mano la inquietud, los interrogantes, las dudas. El tic-tac más indeseado. A poco más de una semana para el comienzo de Roland Garros, el campeón de 21 grandes vuelve a enfrentarse a una carrera contra el reloj. Poco importa en este caso la derrota contra Denis Shapovalov en los octavos de Roma (1-6, 7-5 y 6-2, en 2h 36m). El Foro Itálico enmudece y arropa al español, que en los últimos tiempos se ha reencontrado con su peor enemigo.

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