Hay un antes y un después en la trayectoria, todavía corta, de Jannik Sinner, reciente campeón de Wimbledon. Lo marca el verano de 2023, cuando después de un largo proceso de ensayo y error, el italiano y su entorno llegaron a la conclusión de que su cuerpo no estaba lo suficientemente preparado para el desafío físico de los grandes escenarios. Entonces, el actual número uno tuteó a Alexander Zverev sobre el cemento de Nueva York, pero aquella noche su musculatura fue cediendo y terminó agotado y acalambrado. Perdió, pero ese día cundió la sospecha de que en el caso de que su carrocería hubiera aguantado, habría prevalecido en términos de juego sobre el alemán.

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UN DÉFICIT A RESOLVER: EL QUINTO SET

Desde que la ATP estableciera oficialmente su ranking, en agosto de 1973, tan solo tres jugadores firmaron una primera secuencia ininterrumpida en lo más alto más prolongada que la de Sinner, con 58 semanas. En concreto, fueron Roger Federer, a años luz (237) y bien secundado por Jimmy Connors (160), y el australiano Lleyton Hewitt (75).

Al margen de los datos que refrendan su poderío, su trayectoria presenta otro que refleja una cuenta pendiente. Pese a que en los partidos al mejor de cinco sets tiene un balance de 43 triunfos y solo tres derrotas, en aquellos que tuvo que dirimir en el quinto parcial, concretamente, suma más derrotas que victorias (6-10).

De hecho, desde 2024, cuando festejó su primer grande, ha perdido tres y ha ganado solo uno. Fue en la final de Australia de ese año, al remontar un 0-2 frente a Daniil Medvedev. Posteriormente perdió contra Alcaraz en Roland Garros y el ruso en Wimbledon, y hace poco más de un mes volvió a inclinarse ante el español en el Bois de Boulogne.

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