Genuino para ganar, Carlos Alcaraz también lo es para perder. Nada de caras largas, pesadumbre ni tonos agrios: simple y pura aceptación. Que los nuevos jóvenes afrontan la vida de otra manera es evidente y el murciano, como lo hacer Lamine Yamal y otros talentos emergentes, ofrece un enfoque diferente y la da la vuelta. Le duele, obvio, pero ahí queda el trimestre, dice, esa secuencia de 24 triunfos consecutivos y los 20 que ha terminado contabilizando sobre la alfombra del All England Club, donde se coronó los dos años previos y tropieza esta vez con la fantástica insurgencia de Jannik Sinner. Él no esperaba menos.

