Es la historia de un desquite. Brazos en cruz, manos a la cabeza y caricias a la hierba de Jannik Sinner, un fenómeno que solo un mes después de haber recibido un señor crochet en París, del que algunos jamás se rehacen, se rebela y se levanta. Contragolpea: señal de grandeza. El 4-6, 6-4, 6-4 y 6-4 (tras 3h 04m) le concede su primer título en Wimbledon, el cuarto grande de su palmarés, y enriquece una fabulosa rivalidad que va cogiendo cuerpo y ahora vuelve a comprimirse para bien de un deporte que ilumina a dos fueras de serie en La Catedral. Turno esta vez para el de San Cándido, repuesto en un lapso mínimo de tiempo porque, tal vez, ni siquiera hubiera tenido tiempo para asimilar la derrota cruel de Roland Garros, donde dispuso de tres bolas de partido.

