El Tour de Francia no deja tregua. Ni siquiera en una jornada llana como la de este domingo, entre Chinon y Châteauroux, donde todo apuntaba a un desenlace masivo sin demasiados sobresaltos. Pero el viento, las piernas de Mathieu Van der Poel y la ambición de los grandes trenes de esprint convirtieron los 174 kilómetros de recorrido en una clase magistral de ciclismo de nervios, estrategia y supervivencia. En la ciudad rebautizada como Cavendish City, el homenaje final fue para Tim Merlier, que se impuso con autoridad en un embalaje agónico tras neutralizar a su propio compañero a apenas dos kilómetros de la línea de meta.

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