Basta un simple vistazo para comprobar las siete diferencias, la disposición de uno y otro de cara a la gran final de este domingo en Londres (17.00, Movistar+). Si Carlos Alcaraz accede al área de entrenamiento con gesto amable y bromea, “¿tutto bene, Jannik?”, el rostro imperturbable de Sinner no se altera un ápice y mientras el murciano comienza la sesión a medio gas, con algún que otro descanso a la sombra, apariencia relajada y peloteando suavecito, la derecha del italiano escupe bolazos de manera dura, mecánica y repetitiva, sin cesar. Son dos universos que convergen otra vez, solo un mes después del histórico desenlace en Roland Garros. Esto es Wimbledon, todo es diferente. O tal vez no.
LA NUEVA TIRANÍA COGE CUERPO
Wimbledon no contemplaba una final tan joven desde que Nadal y Federer se midieran en la de 2006, cuando el de Basilea tenía 25 años y el mallorquín le retó por primera vez sobre el verde con 20. A ese litigio se sumó también Djokovic, que dinamitaría el pulso a dos y terminaría imponiéndose en la gran carrera histórica de todos los tiempos.
Entre los tres sumaron 69 grandes y establecieron una tiranía que apenas admitió intromisión. En concreto, entre 2003 y 2023 al menos uno de ellos se hizo con algún título. Ahora quienes se han apropiado del circuito son Alcaraz y Sinner, que han ganado los siete últimos en juego, nueve de 12 desde el US Open de 2022.
Entonces se coronó por primera vez el murciano, que este domingo podría emular si encadena el doblete Roland Garros-Wimbledon por segundo año seguido al legendario Björn Borg. El sueco lo consiguió tres veces. También se hicieron en un mismo año con los majors europeos Rod Laver (1962 y 1969) y Nadal (2008 y 2010), pero no de forma consecutiva.
Para el encuentro de hoy se prevé una temperatura de 29º. Dará comienzo por primera vez a las 17.00, en lugar de las 15.00, el horario habitual; el motivo, las audiencias televisivas.

