La octava etapavvolvió a ser territorio comanche para los velocistas, pero sólo uno emergió con fuerza brutal en el repecho final de Laval: Jonathan Milan. El italiano de Lidl-Trek, que ya había avisado en la salida de Saint-Méen-le-Grand de que la llegada “le venía como anillo al dedo”, cumplió su palabra. Se impuso con una contundencia que dejó sin respuesta a Wout van Aert y Kaden Groves, sus inmediatos perseguidores en línea de meta.

