Haciendo caso omiso al tópico ese de la puntualidad británica, Tyrrell Hatton (High Wycombe, Inglaterra; 33 años) se presenta una hora tarde a la cita, de vocabulario rudo y repentinamente con prisas, que ya no tiene tiempo para más. Rezonga cuando se le pide hacerlo en un lugar apartado y ni siquiera se sienta en la silla, aunque eso parece más por su aura de energía y salud, un tipo que con los brazos cerrados podría pasar por un portero de discoteca sin problemas. Pintaban bastos. Pero, de repente, cuando comienza la entrevista, muda de piel, atento y educado, sin eludir los temas y sin mirar al reloj, una buena analogía de su personalidad: tan feroz y malhumorado en el campo como amable fuera de él.

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