Se acabó. Quien mal anda, acaba peor. La temporada que empezó con Ancelotti y unas expectativas disparadas se fue torciendo y ni la llegada de Xabi Alonso evitó el batacazo final. Todo lo avanzado en este Mundial de Clubes se fue por el sumidero porque el PSG es un adversario formidable, coral y deslumbrante, y si tus centrales regalan dos goles en diez minutos, estás condenado. No estuvieron Dean Huijsen ni Trent. Y se echaron de menos, sobre todo al primero, por comparación. Pero no hubo un solo sector donde el Madrid superara a los parisinos. Xabi tendrá que construir un equipo nuevo. Luis Enrique ha hecho un equipo perfecto. O casi.

