No se habían alcanzado los 20 minutos de juego cuando el brasileño João Pedro se acomodó la pelota en la frontal del área y dibujó con su diestra un golpe seco, recto, de trayectoria ascendente y ligera caída sobre la escuadra más alejada de Fabio (44 años), el abuelo de este Mundial de clubes que tendrá final europea. Sudamérica llegó hasta dónde pudo y con quién pudo. El zambombazo de João Pedro fue una folha seca en toda regla. El golpeo de balón más brasileño que existe, por la gracia de Didí, para finiquitar a un equipo brasileño, al último conjunto superviviente del fútbol sudamericano. Ese primer tanto resume el torneo y las diferencias entre un fútbol y otro.

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