En Wimbledon se habla de piernas, y pocas en el circuito más veloces que las de un correcaminos llamado Alex de Miñaur (Sídney, 26 años). Tipo discreto él, en constante crecimiento y cada vez más cerca de asentarse entre los diez más fuertes. Un salto que se le resiste, pero que ahora percibe con otros ojos puesto que el tenis masculino se encuentra en plena transición y han ido abriéndose puertas que antes no existían. El top-10 va reformulándose y renovando a los miembros, y a esa cota aspira el oceánico, tenaz, trabajador, silencioso. Recuenta victorias contra Novak Djokovic, Rafael Nadal y Andy Murray, pero en conversación con EL PAÍS, confía y desliza: tarde o temprano, “llegará la oportunidad”.

