Con el partido cerrado y aún empatado, Gonzalo García lo abrió y lo ganó para clasificar al Real Madrid para los cuartos de final del Mundial de Clubes. La maniobra y el remate que ejecutó fueron de escuela de cazagoles de toda la vida. Primero intuyó el espacio a atacar en el centro de Trent, una habilidad que no tiene precio entre los goleadores. Elegido el lugar para buscar el remate, Gonzalo se elevó a la espalda de los centrales de la Juventus para conectar un martillazo. “Intento siempre estar en el área, da igual meterlo con la cabeza, con la rodilla, con lo que sea”, dijo el novato goleador. El frentazo estuvo precedido de un salto y de un movimiento de cuello marcando los tiempos en el aire. La secuencia rememoró cualquier gol de Santillana, de Zamorano o de Cristiano Ronaldo. También el chaval lleva el apellido García, que no vende, pero que en el Madrid tiene un significado histórico por aquel equipo con varios Garcías que alcanzó la final de la Copa de Europa de 1981 ante el Liverpool.

