Tres partidos le han bastado a Xabi Alonso para mostrar el esqueleto de su idea. Presión alta, intercambio de roles y defensa de tres centrales. Ese dibujo se confirmó ante el Salzburgo y, con ello, asoma uno de sus primeros dilemas como entrenador blanco: quién completa la zaga. Un pequeño dolor de cabeza en el que Huijsen y Tchouaméni son dos piezas intocables. Por lo que queda un hueco y dos nombres: Asencio o Rüdiger.

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