Puede parecer diminuta Faith Kipyegon, pues no pesa ni 45 kilos ni mide más allá de 1,57 metros, pero se agiganta en la pista y también en el taburete de entrevistas en el jardín chic de un hotel por Montmartre, dura como el yunque en el que se forja el hierro, fuerte como los brazos del herrero que lo golpea con el mazo, y ni siquiera al día siguiente de lograr la mejor marca conseguida por una mujer en los 1.609 metros de la milla (4m 6,42s) se abre para expresar sus posibles dudas, su dolor, lo que sintió cuando rodeada por 11 hombres enormes y dos mujeres y observada por medio mundo daba cuatro vueltas en busca de lo aún imposible para la mujer —“un moonshot”, disparo a la luna, lo definen los de Nike, que organizaron el espectáculo—. Se trataba de correr una milla en menos de cuatro minutos en una pista azul al atardecer de París abrasado por el calor.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *