Caía agua a cántaros sobre el Lincoln Financial Field de Philadelphia, como si el cielo también quisiera poner a prueba al Real Madrid. Pero en medio de esa tormenta, Gonzalo García jugó con una certeza que parecía ajena al temporal. Cómodo e inspirado. Ante el Salzburgo, el canterano volvió a demostrar que lo suyo va más allá de la puntualidad.

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