Parecía imposible. Una hazaña. Una locura para un Atlético que si algo sabe es de eso. Para lo bueno, algunas veces, y para lo malo, otras muchas. Había que creer y tanto Simeone como el vestuario creían. También un club donde se veía este Mundial como una oportunidad que a saber si vuelve algún día. Ya saben, competir con Madrid y Barça… casi nada.

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