“Hace tres años estaba aquí anunciando que tenía que irme a Estados Unidos a que me rompieran el brazo de nuevo para poder enderezarlo”, recuerda Marc Márquez desde Mugello, uno de los circuitos que más se le ha atragantado a lo largo de su trayectoria. Hace seis años que no sube al podio del GP de Italia, donde solo ganó en 2014 y desde entonces sufrió la hostilidad de unas gradas entregadas a Valentino Rossi, el gran ídolo local. Para el líder del Mundial, volver a estar sobre la pista en plenas facultades tras superar esas cuatro operaciones en el húmero es la mayor victoria que podía conseguir tras aquel fatídico accidente en el GP de España de 2020. La idea de lograr su noveno título, que le igualaría precisamente con el mito de Tavullia, apenas ocupa espacio en su cabeza.

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