Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que cada vez que Vinicius Júnior pisaba el césped, el mundo contenía la respiración antes de presenciar su último desborde. Pero el fútbol, como la vida, no es una línea recta. Su temporada no ha sido la mejor, aunque sus números no le dejen mal parado (21 goles y 18 asistencias). Sin embargo, su fútbol fue siempre más, una chispa que pareció apagarse por momentos con más dudas que certezas. Más miradas críticas que abrazos y una falta de entendimiento completo con Mbappé que sirvió como resumen a la caída blanca.

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