La industria del fútbol se desliza por el planeta buscando El Dorado como el agua torrencial busca cauces por los que discurrir. Es fácil detectar los yacimientos más generosos solo con echar un vistazo a las sedes de las últimas Copas del Mundo: Sudáfrica y su potencia mineral en 2010; Brasil 2014, cuando era una economía emergente; Rusia 2018, como muestra de su renacimiento como potencia; los petrodólares de Qatar 2022 y Arabia Saudí (2030). En 2026 el Mundial se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México. En este último país, el fútbol se vende solo. El mercado a explotar es el estadounidense, territorio duro de conquista para el soccer fuera de las comunidades latinas. El fútbol compite por aumentar ingresos con el béisbol, el fútbol americano y el baloncesto, incluso con el hockey hielo.

