Lo del PSG fue deslumbrante porque dio una exhibición colectiva con y sin el balón. Punto para Luis Enrique. En cuanto al Madrid, no le alcanzó con un puñado de cracks para ganar algo. Suspenso para los jugadores. Según este razonamiento, para que vivan los buenos equipos hay que matar a los grandes jugadores. Incluso al que ganó la Bota de Oro, Kylian Mbappé. No me negarán que parece forzado, por no decir que atenta contra el sentido común. Sin embargo, refleja algo que empieza a suceder: el talento reducido a un papel marginal al tiempo que elevamos a dogma el trabajo colectivo.

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