Ya están midiéndose Novak Djokovic y Jannik Sinner cuando, a eso de las siete y media de la tarde, después de haber vencido a Lorenzo Musetti, Carlos Alcaraz aparece con una sudadera lila y toma asiento en la sala de conferencias, de donde saldrá previo brinco. Disparado. “Nada más terminar aquí, me voy a poner a verlo [la otra semifinal] en la tele, en el teléfono. Voy a hacer cualquier cosa para verlo. No solo porque voy a jugar contra uno de ellos, sino porque soy un fanático del tenis y es un partido digno de ver. Cada vez que se enfrentan, el nivel es muy alto”, indica el finalista, quien con cinco presencias ya, se desmarca de Manolo Santana en cuanto a grandes finales.

