Cuando Ancelotti dio el sí a Brasil igual tenía en la cabeza todavía el Mundial del 94 en el que fue ayudante de Sacchi. O aquel anuncio en el que Romario, Ronaldo, Denilson o Roberto Carlos hacían travesuras en un aeropuerto a ritmo de ‘Mas que nada’. Pero lo que tiene entre manos es un sucedáneo de aquella selección. Sin azúcar, sin jogo bonito ni nada que se le parezca. Una sombra de lo que fue.

