La noche de los atómicos Femke Bol y Karsten Warholm, los intocables de los 400m vallas, fue la misma noche de los amargos cuartos puestos de Daniel Arce, en los 3.000m obstáculos y de la vallista Sara Gallego, en los 400, que con tantas esperanzas llegaban. Para uno, para el obstaculista de Cardeñadijo, en el alfoz de Burgos, al que tanto le gusta su pueblo, y también le gusta a su pareja, la saltadora de longitud Fátima Diame, la final europea unas semanas después de su primera final mundial (noveno en Eugene) suponía una segunda oportunidad tras el sexto puesto en los Europeos de 2018, los de la plata en la prueba de Fernando Carro, para consagrarse, ahora que ya ha cumplido 30 años.

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