Un buen Valladolid se llevó un punto con todo merecimiento ante un Sevilla atascado, demasiado impreciso y alocado, que volvió a emitir claras señales de alarma. El equipo andaluz fue de más a menos en una noche de estrenos, las del joven Nianzou, el colegiado Pulido Santana o el de Isco, recibido como un héroe en Nervión. La misma noche, sin embargo, en la que afloraron los viejos aromas de un equipo como el andaluz, donde Jordán y Fernando no levantan el vuelo, ver la portería rival cuesta un mundo y Julen Lopetegui mantiene un juego previsible que solivianta a una grada muy exigente. La tendencia de un equipo oxidado, que no tiró a puerta prácticamente en toda la segunda mitad y en donde los brotes verdes respondieron al estreno de Nianzou, los detalles de Isco y las ganas de Lamela. Enfrente, un buen Valladolid, fuerte en lo físico, ordenado al estilo de ese trotamundos del fútbol que es Pacheta y que estuvo cerca de llevarse el triunfo después de un gran gol de Anuar en el minuto 85. El golazo de Anuar encrespó a una grada que se temió lo peor. Solo Rekik pudo empatar después de un error de Asenjo para hacer el definitivo 1-1. La bronca fue importante en Nervión.

