Qué manera de pegar, de correr, de dominar. “Menuda bestia”, se escucha en la tribuna. Bocas abiertas en la noche de Roland Garros, donde 15.000 espectadores se compadecen del tipo que guerrea como puede ahí abajo: a nadie le gustaría ser Tommy Paul, el hombre que sufre en silencio, que hace lo que puede, barrido. Carlos Alcaraz en modo máquina. Sinnerizado. Empeñado todo el mundo en que se robotice, el murciano atiende y dice: aquí me tenéis, focus, esto es lo que queríais. Ahora bien, que a él nadie le quite lo suyo, que nadie le prive de sus golosinas. Es un tenista bordándolo. Un todo absoluto: 6-0, 6-1 y 6-4, tras 1h 34m. El viernes, careo en las semifinales con Lorenzo Musetti (6-2, 4-6, 7-5 y 6-2 a Frances Tiafoe).

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