En la sede de la Real Federación Española de Tenis (RFET), las personas van y vienen. Entran y salen. Los tonos de llamada de los móviles suenan, mientras las conversaciones paralelas se suceden. Entre la vorágine de trabajo, nueve réplicas de trofeos descansan en el domicilio de la entidad a los pies de la Gran Vía de Carlos III, en Barcelona: seis Copa Davis de la selección masculina y cinco Billie Jean King Cup de la femenina. Ningún galardón referente al tenis paralímpico decora la entrada. Al menos, por ahora.

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