Tan feliz se va Casemiro como se queda Florentino Pérez. Un descorche total. Un negocio redondo para las dos partes, que de eso, y nada más que de eso, se trata. El único depósito sentimental del fútbol es el de la clientela, la pasional, no la consumista. Al jugador, que bien conoció la miseria en su infancia tras ser abandonado por su padre cuando tenía tres años, le duplican el sueldo y le alargan la carrera hasta 2027. Y el Real saca una tajada considerable (unos 70 millones, solo diez millones menos del fijo invertido en Tchouaméni, su relevo) y se ahorra un salario de unos cinco millones netos, muy superior al del becario francés.

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